La ONCE y su valor «compartido»: casi 3.000 millones recaudados y solo un 8% para acción social.

Es fascinante observar cómo la aritmética, cuando se viste de gala y se perfuma con el aroma de la “inversión social“, es capaz de transformar un mastodóntico negocio en una suerte de ONG intocable…
El Grupo Social ONCE ha presentado su Informe de Valor Compartido 2025 y, a tenor de los vítores internos, parece que haber alcanzado los 80.000 profesionales en plantilla les otorga una suerte de bula papal para seguir inundando cada esquina, hospital, supermercado y cafetería con sus Rascas y cupones. El presidente Miguel Carballeda, saca pecho un año más de sus “centinelas de la ilusión”, con un extenso apartado a sus sistemas de Inteligencia Artificial, mientras las cifras reales de su “máxima responsabilidad” revelan una maquinaria de recaudación que no conoce de controles de acceso ni de pausas publicitarias.
Entre los muchos sistemas de IA de la que presumen, se encuentra curiosamente “ARCO”, una biometría de reconocimiento de imagen y voz para que sus vendedores gestionen las ventas con mayor “seguridad”. Lástima que esa misma tecnología no se aplique para que el terminal de venta detecte si el cliente que compra compulsivamente en una cafetería tiene prohibido el acceso al Juego. Prefieren centrarse en la “economía circular” de Ilunion, que factura 1.443,5 millones de euros gracias, en gran medida, a contratos de servicios que el propio Estado les facilita en nombre de la inclusión…
Resulta impresionante que se jacten de una auditoría externa global con un cumplimiento de estándares de Juego responsable del 99,80%, cuando sus más de 21.172 vendedores son, en la práctica, terminales de Juego ambulantes que operan a pie de calle, en parques y a las puertas de los centros de salud, allí donde la vulnerabilidad es moneda de cambio y el control de menores o ludópatas depende más de la agudeza visual del vendedor que de un sistema real de interdicción. Ahí si que deberían implementar ayuda a través de la IA para sus “centinelas”…

Según ellos, el “Juego social y seguro” es su bandera, pero lo cierto es que han batido un nuevo récord de ingresos por ventas de lotería: 2.927,1 millones de euros, un 3,4% más que el año anterior. Bien jugado… Sobre todo cuando vemos dónde va realmente el dinero de esos ciudadanos que, según Carballeda, “confían ciegamente” en ellos.

Por cada 100 euros que ingresan:

  • 56,8 vuelven en premios para mantener viva la rueda de la fortuna (1.661,5 millones en total).
  • Lo verdaderamente jugoso llega después: 22,3 euros se destinan a salarios y cargas de los vendedores (la infantería que sostiene el imperio)
  • 9,8 euros se esfuman en gastos de gestión.
  • ¿Y la “inversión social directa” en personas con discapacidad, esa razón de ser que justifica su omnipresencia mediática? Apenas 8,9 euros de cada 100.

Es decir, que de los casi 3.000 millones recaudados, 262,6 millones se destinan íntegramente a lo que ellos llaman su “carta de presentación social“. Una propina institucional que les permite mantener su estatus de “modelo único en el mundo” mientras blindan un patrimonio neto que ya alcanza los 1.245,8 millones de euros.
El Grupo Social ONCE parece haber construido un búnker de “valor compartido” donde lo que más se comparte, en realidad, es el gasto de gestión y comisiones (que con un 9,8% ya supera a la propia inversión social directa del 8,9%). Al final, la “ilusión” no es el premio, sino el ingenioso envoltorio que oculta a un gigante del Juego con un patrimonio neto de 1.245,8 millones de euros que no rinde cuentas ante el mostrador de control, sino únicamente ante su propia caja.

Fuente: AZARplus

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